Farsa Ambiental en la Costa Caribe de Honduras: áreas protegidas, represas hidroeléctricas y humedales costeros.

En la costa norte de Honduras se encuentran localizados una cadena de humedales, donde habitamos los pueblos Miskito y Garífuna, siendo las lagunas y esteros parte esencial del hábitat funcional, de donde obtenemos nuestro sustento diario.

En los últimos años el efecto de la erosión costera ha dejado sentir su peso sobre los cordones litorales, acelerando la salinización de los humedales con efectos impredecibles.

Sin embargo una de las mayores problemáticas que en un futuro cercano incidirá en los humedales, es la construcción de múltiples represas hidroeléctricas a lo largo de todo el litoral caribeño.

En el caso del departamento del Atlántida, en una franja de 60 kilómetros se pretenden construir o ya están finalizadas 10 represas. Los caudales de los 10 ríos en cuestión, que discurren hacia los humedales costeros de Sambuco, Cuero y Salado, son esenciales para su sobrevivencia.

En la mayoría de los estudios de impacto ambiental presentados por las compañías constructoras de las represas, en materia del caudal ecológico de los torrentes, no se tuvo en consideración los efectos del cambio climático en relación a las posibles alteraciones en las precipitaciones.

Es de esperar que en un futuro no muy lejano, las sequías producto del fenómeno Niño, se agudizarán y sus períodos de oscilación serán de mayor tiempo, generando graves consecuencias tanto para los ríos como las lagunas costeras.

Represas como las del Patuca III y los Chorros en el río Sico, tendrán efectos fatales sobre las lagunas de Bacalar, Ibans y Brus Laguna, las que ya de por sí en los últimos años han sido afectadas severamente por la disminución de los caudales de los ríos en Centroamérica.

Áreas protegidas y represas hidroeléctricas
La destrucción de los ríos, bajo el lema de producción de energía limpia, pone en riesgo múltiples ecosistemas. Desafortunadamente existe una creencia entre los desarrollistas de pensar que los ríos son la fuente mas económica para la producción de energía hidroeléctrica, soterrando otras posibilidades de fuentes energéticas, como puede ser el mar.

Una de las mayores contradicciones de los supuestos ambientalistas, es el silencio en que se han sumado muchas de las organizaciones encargadas de las áreas protegidas donde se están construyendo represas o que serán afectadas por las mismas.
Es de recordar que en la década de los años 90 del siglo pasado, con la imposición del Corredor Biológico Mesoamericano, sirvió para evitar que se les reconociera su territorio a muchos de los 59 pueblos indígenas del istmo centroamericano. En la actualidad las organizaciones ambientalistas en cierta medida son cómplices de la destrucción y violación a los derechos humanos que están causando las represas entre nuestros pueblos.

Desde el pueblo Maya kanjobal de Barillas (Guatemala) hasta el pueblo Bugle de Tabasara (Panamá), sus derechos humanos han sido violentados. En los últimos meses muchos pueblos indígenas han sufrido la represión estatal y la obliteración de sus derechos humanos. En el Sistema de Áreas Protegidas que se han establecido desde hace décadas se ha permitido la construcción de represas, tal como sucedió con el río Teribe  del Parque La Amistad (Panamá), y el rio Patuca en la Biosfera Corazón.

La moda de la conversión de zonas privilegiadas en biodiversidad en áreas protegidas continúa hasta la fecha. Pero cada día queda más clara la visión mercantilista que manejan los ambientalistas ahora ensalzada por la denominada economía verde.

Desde la creación del refugio de Vida Silvestre Cuero y Salado, pasando por el Monumento Marino Cayos Cochinos y  Punta Hizopo, entre otras; notamos como empresarios de “muchos kilates” entendieron perfectamente el negocio del manejo de las áreas protegidas. Basta ver al sentenciado Stephan Schmidheiny, rey de los asbestos, hasta el palmero de la muerte Miguel Facusse, quienes aplicaron los mecanismos de conversión del manejo de áreas protegidas en eco inversiones.

Los planes de manejo de las áreas protegidas en ningún momento fueron consultados, y en algunos casos como en Cuero y Salado se dieron desalojos silentes de las poblaciones locales. Casi medio centenar de familias Garífunas que habitaban los humedales, se vieron obligados a instalarse en otras zonas de la costa ante las presiones de los funcionarios de la Reserva que acompañados de soldados aplicaron restricciones al derecho a la alimentación. Schmidheiny y sus socios locales trataron de replicar la misma estrategia en los Cayos Cochinos.

Humedales y Palma Africana.
Según la Secretaría de Recursos Naturales (SERNA) en Honduras existe una hectárea de humedal por cada cuatro hectáreas de palma Africana. Sin embargo la proporción de palma aumentará ante la expansión de la frontera de los agrocombustibles. Según los cálculos de la Embajada de los Estados Unidos en Honduras hay en la actualidad unas 220 mil hectáreas de palma que se pueden extender a 540 mil hectáreas.

Esa ominosa predicción implica que la palma africana avanzará sobre la Moskitia, acelerando la desaparición de enormes extensiones de humedales e intensificando el acaparamiento de tierra.

Ciertamente el antiguo Corredor biológico Mesoamericano se convertirá de forma gradual en el Corredor de Palma Centroamericano, y es posible que las plantaciones de palma reciban fondos de los REDD.

Los pueblos indígenas sufrimos una acelerada ofensiva por parte de los estados-nación, los que bajo el pretexto de producción de energía limpia, incluyendo los agrocombustibles y secundados por la hipocresía de las áreas protegidas, han optado por un asalto final sobre nuestros territorios, culturas y estilos de vida.

Es indudable que la crisis desarrollista que enfrenta el mundo, requiere de decisiones responsables y éticas por parte de los estados, así mismo que los diversos pueblos y el movimiento social debemos fortalecer nuestras agendas, movilizaciones y estrategias para garantizar el futuro de las próximas generaciones.

La Ceiba, Atlántida, 3 de Julio del 2012

Organización Fraternal Negra Hondureña, OFRANEH

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